El sistema educativo actual es producto de la revolución industrial, en el que era necesario preparar trabajadores que estarían a cargo de las cadenas de montaje en las fábricas. Sin embargo, este modelo que ha perdurado hasta nuestros días ya no nos sirve.
El mundo ha cambiado radicalmente y los avances en ciencia y tecnología han hecho, por una parte, que pasemos de ser una sociedad industrial basada en la producción masiva de objetos a una sociedad de servicios y de información en la que el motor son las ideas y la creatividad. Y, por otra parte, los descubrimientos científicos nos han permitido conocer mejor como funciona nuestro cerebro y descubrir que no aprendemos repitiendo de memoria sino haciendo, cuando nos emocionamos.
Por eso necesitamos un nuevo sistema educativo que mediante el aprendizaje social y emocional fomente la educación personalizada, potencie el desarrollo de cada individuo y estimule la creatividad, la pasión, la energía y el talento.
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